La descamisada duró hasta las tantas y hubo tiempo pa’ trabajá y también pa’ pasar un buen rato con la vecindad.
Se mandaron unos chochos, lapas y burgaos en vinagre, algún pisco ron, anís y unos cafenes.
Este día, Perico llegó más luego con una caja duraznos, que junto al millo dejó un buen olor en el cuarto.
En la calle se oía el furrunguear de una guitarra y un timple y le estaba entrando un desagallo por salir, que Pimpa que estaba enfrente, enseguía lo golió y le mandó un caroso en toda la chopa.
Perico la miró con ojitos de baifo esperando teta pa beletén, pero no podía disimular que estaba dessarratao por salir a parrandiar.
Yo me voy a tener que dir y se alevantó y puso rumbo a la calle, con tan mala fortuna que al pasar junto a Pimpa le pisó el ñame izquierdo.
Iba todo desbambarriao, se trabucó pa babor y se fue a escorar pa’ estribor y al final se pegó tal partigazo, que se hizo una cojena como el huevo frito del triunfo del envite.
Cuando Pimpa lo vio caer se le desconchabó el pomo, pero al verlo alevantarse, se puso de bruces y lo mandó a freír chuchangas.
Perico…periquín…Abre el ojo y desparrama la vista…
Si ya vas así de mamao, a ver si vas a volver sin tino….
Señora…borracho fino no pierde el tino.
Y salió cantando…esta noche no alumbra la farola del mar…esta noche no alumbra porque no tiene gasssss….
Javier Marrero